Fue la diseñadora francesa, Coco Chanel, la que tras la 1ª Guerra Mundial puso de moda el bronceado en las playas. Una moda que se siguió también en España. Famosos eran los baños de sol que tomaban las gentes adineradas en las playas de Santander o San Sebastián. Pero tras muchos años practicando “el veraneo”, las circunstancias climáticas que vivimos hoy en día (principalmente el agujero de la capa de ozono) han provocado la necesidad de una evolución en la cosmética de productos para el bronceado que ayudan a proteger tanto nuestra piel como los ojos.
Si antes de que Coco Chanel se pusiese el bañador; la tez pálida era considerada como símbolo de belleza y buena posición social, el gusto ha variado y lo que antaño era blanco hoy queremos que sea dorado. Pero conseguir ese bonito color puede perjudicarnos de muchas maneras y el culto a la belleza y el querer retrasar la vejez para aparentar seguir siendo jóvenes, es una moneda de doble cara. El peor enemigo para ese deterioro físico de la capa de piel es el sol, o mejor dicho, el mal uso del sol o someternos de forma indiscriminada a sesiones de rayos UVA. Si esto curre con la piel, lo que sucede con los párpados es todavía más grave. Los párpados están formados por una finísima piel que deja pasar parte de los UV, así como un gran porcentaje de luz. Esta piel, es la más fina del organismo y además tiene una estructura muy compleja, ya que está formada por ocho planos distintos entre los que se encuentran el tejido celular y muscular (el orbicular o los músculos retractores). Los párpados además están inervados y vascularizados pro minúsculas arterias y venas, por lo que hay que ser especialmente precavidos a la hora de exponerse al sol o a los rayos ultravioleta que además los hacen envejecer muy rápido, creando feas patas de gallo o bolsas en su interior.
Cuidados que evitan lesiones
A pesar de que el ojo tiene capacidad para filtrar eficazmente las radiaciones solares en condiciones normales, existen algunas situaciones que hacen que disminuya esa capacidad, como una exposición prolongada al sol o la utilización de lámparas de rayos UVA. Todo exceso de exposición continuada puede ocasionar en poco tiempo una amplia gama de graves patologías oculares como úlceras, cataratas o degeneraciones retinianas, entre otras.
Lo bueno es que actualmente tenemos a nuestra disposición productos y tratamientos de belleza que antiguamente no existían y que junto a dietas equilibradas y una forma de vida saludable hacen posible una mejor defensa contra los posibles daños que pueda ocasionarnos el sol y los rayos UVA. Además de los fabricantes de cremas, lociones y productos químicos, los diseñadores de la industria óptica han ido evolucionando también en este sentido, creando innovadores complementos de protección ocular a nuestro servicio.
Pero no solamente el sol emite rayos UV, también las lámparas de rayos UVA los emiten y además en mayor cantidad y de forma muy concentrada. Broncearse artificialmente es una costumbre que bien regulada y protegiéndose adecuadamente no debería ser más dañina que el propio sol, pero deberíamos tener en cuenta las nefastas consecuencias que un uso excesivo de las máquinas de bronceado podrían tener sobre nuestro organismo. Se estima que quince minutos de radiación en una de estas máquinas equivalen a un día de sol, por lo que la protección debería ser extremadamente importante.
Recordemos que existen dos tipos de máquinas de bronceado: las de alta y las de baja presión. Las de alta presión se definen por sí mismas como potentes o de de mayor salida de radiación. Gracia a la elevada potencia de sus filtros de cuarzo y a la refrigeración para contrarrestar el exceso de IR, consiguen mermar los posibles prejuicios. Por su parte, las máquinas de baja presión están compuestas por tubos fluorescentes que irradian los UV de una forma menos agresiva, ya que según los propios fabricantes es una lámpara que produce una emisión espectral más equilibrada y selecta para fines cosméticos. Éstas sólo irradian una ínfima parte de UVB y el resto, los UVA, no utilizan ningún filtro y los IR son también de menor potencia, peor en ambos casos es necesario protegerse adecuadamente tanto la piel como los ojos. En este último caso, hay que recordar que los párpados no filtran todos los rayos UV, por eso es necesario protegerlos adecuadamente.
Protectores oculares
Para proteger nuestros ojos debemos ir convenientemente equipados con unas gafas adecuadas a la hora de tomar baños de sol o rayos UVA. Unos protectores oculares que sean capaces de filtrar y no dejar pasar los UV y que serán imprescindibles en todo momento mientras estemos expuestos a la radiación UV de forma continuada. Dichos protectores oculares deben responder como mínimo a dos finalidades prioritarias: la atenuación de la intensidad luminosa de la radiación visible y la protección frente a los rayos ultravioletas (UV).
En la actualidad los protectores oculares no son lo que eran; unas piezas de plástico muy económicas pero que no se asentaban bien y dejaban marca en la nariz o por la goma que las sujetaban. La industria óptica española hace más de 20 años que se dedica en parte a los protectores oculares y hace cinco años creó una colección de tres modelos para mujer, hombre y gente más joven, todos ellos eficientes al 100% y además, los más pequeños del mercado. Se sujetan solos, no dejan marca y son una patente con diseño de origen español/europeo.
Exige protectores oculares de calidad óptica, no escatimes en cuanto a precios a la hora de proteger los párpados y los ojos, algo de vital importancia y necesidad a corto, medio y largo plazo para evitar consecuencias y perjuicios desastrosos, disminución de la visión nocturna, la no distinción de los colores, el riesgo de padecer cataratas y otras lesiones irreversibles de la vista.
El uso de los protectores oculares debe ser individual y no compartirse con otras personas para evitar el contagio de infecciones. Además de que sea cómodo y que se ajuste bien, el protector ocular debe tener unas lentes especiales. Unas lentes que tienen que estar testadas en el laboratorio al menos tres veces en lo referente a transmisión de luz, protección de los UVA y UVB y que ofrezcan una visión perfecta, sin molestias frente al sol y los UV artificiales.
La ley que regula este producto en cuanto a su fabricación ha sido emitida por la CE y obliga a incorporar en los protectores oculares dichas siglas, así como los datos de contacto para posibles consultas. Por eso se recomienda evitar los sucedáneos de origen dudoso.